Qué se extraña cuando no viajo

Este texto lo escribí durante mi viaje en Perú.

Extrañaba caminar con mi mochila cargada.
Extrañaba tener la barba con tierra y arena.
Extrañaba comer un menú completo por 2 dólares.
Extrañaba el arte del regateo.
Extrañaba correr para no perderme el bus.
Extrañaba defender Argentina fuera de Argentina.
Extrañaba los mates viendo el atardecer en distintos lugares.
Extrañaba aventurarme a tomar decisiones constantemente.
Extrañaba sacar fotos con cámara.
Extrañaba estar desconectado de internet.
Extrañaba mis tiempos solo, pensando la vida en general.
Extrañaba la amabilidad de la gente de pueblo.
Extrañaba sacarme selfies, cada día con cara distinta, siempre feliz.
Extrañaba usar mi morral.
Extrañaba dormir en una selva. O en un desierto.
Extrañaba tener la cara paspada por el sol.
Extrañaba estar perdido.
Extrañaba tener la mirada asombrada durante minutos.
Extrañaba el cosquilleo de viajar solo.
Extrañaba conocer lugares por primera vez.
Extrañaba extrañar (a timón – mi compañero perruno).
Extrañaba las charlas profundas durante horas con personas que nunca más voy a ver, y lamento que así sea, pero es así.
Extrañaba despertar en soledad en un pueblo extraño.
Extrañaba caminar 20 cuadras hasta irme del mapa turístico.
Extrañaba arriesgarme.
Extrañaba que me digan “estas loco”.
Extrañaba la paz de no pensar en nada ni nadie.
Extrañaba todo eso y más.
QUÉ MARAVILLA VIAJAR 

Y recuerden que nunca vuelve el viajero; quien viaja cambia.

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Que merezca la pena

Espero que te caigas.

Que te caigas mil veces y te levantes siempre una más.

Que te partas todos y cada uno de los huesos de tu cuerpo derrapando en este deporte de riesgo que llamamos vida. Y que merezca la pena. Espero que lo hagas y que quede claro que somos piedras que se pulen a golpes bajo la atenta mirada de quienes creen que en una de estas se romperán. Pero no se rompen. Espero que nada consiga partirte en dos.

Espero que recuperes tus pulsaciones y ganes el pulso otra vez. Que aprietes los dientes y le digas al mundo de reojo que sólo sabes caminar hacia delante y que si caminas hacia atrás es solo para recordarte que en peores plazas has toreado. Que aquí hemos venido a jugar. Que juegues. Que las cosas más fuertes son las que nacen en la adversidad.

Espero que saltes. Sí, que saltes desde la decimotercera planta de ese edificio llamado pánico a reconocer que te gusta. Que te den la vuelta a las cartas, que pierdas la partida, que ganes la jugada. Que te pillen el farol. Que te cambien las fichas por amaneceres que algún día contarás. Que merezca la pena.

Espero que te enamores. Y que duela. Que te enamores de esa clase de personas con complejo de lanzadera. De las que te hacen perder el vértigo a cambio de las vistas. Espero que le preguntes a las noches donde está ella y que no te sepan responder. Que no puedas dormir. Que salgas a buscarla. Que la encuentres. Que merezca la pena.

Espero que te pierdas. Que te pierdas en medio de un montón de personas a las que ni por casualidad hubieses imaginado conocer. Espero que dirigirles la palabra sea la única manera que tengas de salir de allí. Espero que salgas. Espero que encuentres a un amigo de verdad. Que lo conserves. Que merezca la pena.

Espero que llores. Que llores hasta salirte de ti mismo y los ejes de la tierra se den la vuelta. Espero que tu mundo se vuelque y que, una vez patas arriba, seas capaz de aprender a vivir boca abajo. Que boca abajo de repente signifique del derecho otra vez.

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Espero que se te cierren las puertas. Todas y cada una de las que un día estuvieron abiertas en forma de probabilidad. Que tengas que elegir. Que encuentres la manera de abrir las ventanas y comprendas que la luz que entra en nuestras vidas no es sino aquella que nosotros dejamos que entre. Que vivir en la oscuridad nunca ciega, pero tampoco deja ver.

Espero que mires hacia arriba. Creyendo o sin creer. Que mires hacia arriba y des las gracias. Gracias por ti. Gracias por ellos. Gracias por todo. Gracias. Siempre gracias.

Espero que te vuelvas loco. Que encuentres eso que te mantenga despierto, que no te deje dormir hasta que no esté terminado. Que lo termines. Que sea tuyo. Que lo compartas. Que merezca la pena.

Espero que tires la toalla. Que te acorralen contra las cuerdas y por un momento pienses que nada puede ir peor. Espero que ese momento sea eso, un momento. Que seas tú y solo tú quien decida cuanto dura. Que te gires, que des la cara, que sigas peleando. Siempre peleando. Que siempre tengas un motivo por el que pelear. Que merezca la pena.

Espero que sigas yendo a ese bar. Que siempre tengas algo que contar. Que tengas algo por lo que brindar y que no te falte quien te recuerde que los que se han ido ya no están pero que los que se quedan, se quedan por algo. Espero que siempre tengas a alguien que te diga la verdad. Aunque duela.

Espero que te digan adiós. Y que lo digas tú también, queriendo y sin querer.

Espero que te equivoques tantas veces como puedas. Que puedas pedir perdón por ello otras tantas. Que te perdonen. Que siempre vuelvas a casa con una lección aprendida y la paz de quien sabe que el orgullo destruye más que crea y aleja más que acerca. Que te acerques. Que merezca la pena.

Espero que te rompan el corazón. En trozos muy pequeños. Tan pequeños que ni siquiera parezcan trozos. Tan pequeños que se confundan con el polvo. Espero que te agaches. Que los recojas. Que los vuelvas a encajar en lugares que jamás imaginaste que existirían dentro de ti. Espero que te sacudas las telarañas y los tengas donde hay que tenerlos para volver a hacer eso que todos necesitamos hacer tarde o temprano, confiar.

Espero que vivas.

Que sobrevivas.

Y que merezca la pena.

 

Hermoso texto extraído del gran gran Blog El Cajón De Gatsby.

Conquistame

“… A mí no me vengas con tu carita bonita, a mí dime algo que me cambie la forma de mirar la vida. Ponme los ojos grandes y hazme sentir pequeño. Cuéntame tantas aventuras que sienta que me he perdido un millón de cosas. Dame ganas de comerme el mundo.

Dime que sabes lo que quieres y que es “o eso, o nada”, que ni te vendes ni negocias tus sueños. Dime que cuando puedes viajas, y que viajar no es lo mismo que hacer turismo. Dime que descubriste que el secreto de la felicidad no está en tener, sino en ser, crecer, dar y amar con valentía. Y dime que te partieron el corazón y que aún así lo pondrías sobre la mesa si se presentara la ocasión.

Dime que con tus 20 o 30 años lo mejor de ti no es tu belleza. No quiero un rato más, quiero alucinar contigo. No quiero mirarte, quiero admirarte. Y, aunque pueda que no pueda ser, aunque se acabe o aunque duela, quiero que el rato contigo merezca, si así fuera, una dulce pena”.

“Nadie debería pasar de puntillas por el mundo cuando puede pisar fuerte”.

 

Extracto escrito por Pablo Arrugas. Pueden leerlo completo aquí: No me ligues, conquístame.

Pobre de él

¡Pobre de él!
Del que no salta en medio de una duda, o de un quizá.
Del que no sonríe en la simpleza de los besos cotidianos.
Del que no despierta, del que no sueña, del que no vuela.

¡Pobre de él!
Del soberbio, del cobarde, ese, que nunca pierde.
Del que no se encuentra por miedo a perderse.
Del que no se pierde por miedo a encontrarse.
Del que anda con un paracaídas y un bozal,
Del correcto, pobre, del que nunca cae.

Pobre si no asume el riesgo de arriesgarse.
¡Pobre si no se muere por vivir!

 

Escrito por Nicolás. Pueden leerlo en su blog nicolasandreoli.wordpress.com o bien, seguirlo en su página de facebook Nicolás Andreoli.

¿Para qué viajamos?

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  • Viajamos para cambiar la forma en que nos proyectamos en el tiempo: no vivimos en el pasado ni en el futuro. Vivimos en el presente (aunque muchas veces lo olvidemos).
  • Para descubrir que otras personas, con habilidades nuevas, habitan en nosotros (y nunca lo habíamos sabido).
  • Para dejar de lado las xenofobias y odios que construyen muros en lugar de puentes. Un noruego puede ser tan intolerante como un italiano, o tan ignorante como un argentino. No se trata de nacionalidades, se trata de educación (o la falta de ella). No somos chilenos, brasileños, españoles, alemanes. Somos personas, y es imposible medir la calidad humana en términos de locación geográfica.
  • Para comer.
  • Para encontrar el encanto de lo simple.
  • Para comprender que se puede vivir con mucho menos de lo nos hicieron creer que era necesario para ser personas felices y plenas.
  • Para entender que los musulmanes rezan a Alá, que los hindúes no comen carne de vaca, que los rusos son como son gracias a su historia. No hay una verdad universal ni una fórmula global y homogénea para la vida. Hay tantas formas de ver el mundo, como personas. Y todas son válidas.
  • Para variar los ángulos desde los que pensamos.
  • Para conocer nuevos idiomas y experimentar la vida desde otros razonamientos (lingüísticos y de todo tipo).
  • Para expandir nuestro universo: el mundo no termina en mi casa/barrio/país.
  • Para hacer amigos (de todas las especies).
  • Para aprender el valor del desapego y mutar nuestros objetivos: ir tras experiencias, en lugar de tras objetos.
  • Para oler.
  • Para ver la realidad. No todos los lugares que visitemos van a ser lindos, y no todas las experiencias que nos dejen los viajes van a ser positivas. Viajamos para ver París y enamorarnos de una bella ciudad, y para ver episodios de injusticia social en países en conflicto y recuerdos de guerras sangrientas. Frente a algunas situaciones vamos a sentir impotencia, tristeza o frustración: todo eso es necesario para poder formarnos una idea más realista del planeta que habitamos, y en lo posible, convertirnos en parte del cambio (be the change you want to see in the world).
  • Para acomodarnos a la idea de que a veces, simplemente, algunas cosas no tienen explicación (y buscarla significaría matar la magia).
  • Para ser más conscientes de nosotros mismos como seres espirituales con un propósito en el Universo: nacimos para vivir y desarrollar nuestra naturaleza, para aprender de lo que nos rodea; no para languidecer tras las rejas de una existencia dedicada al conformismo y la vacuidad de alma.
  • Para tomar conciencia de que nuestra casa (el mundo) necesita ayuda. Necesita menos violencia, menos racismo, menos materialismo, menos dinerofilia, menos explotación, menos inequidad. Para tomar ideas de todo lo que veamos a nuestro alrededor, que puedan servir para aliviar el peso que representamos para una Naturaleza en peligro. Para enterarnos de que también nosotros estamos en peligro.
  • Para perder los miedos (y no encontrarlos nunca más).
  • Para dejar que se nos filtre un poco de mundo a través de los poros.
  • Para aprender a hablar sin palabras.
  • Y para darnos cuenta de que para disfrutar de las cosas más simples y lindas de la vida, no se necesita dinero.

 

Escrito por Florencia desde su maravilloso blog elmundoesunlibro.com.