Bienvenidos

Bienvenidos a este espacio viajero destinado a compartir mis experiencias a lo largo y ancho del globo.

La idea principal de este blog es egoísta. Surge con el deseo de dejar por escrito mis viajes, así poder revivirlos una y otra vez.

Sin embargo me gusta mucho la idea de compartirlos y poder inspirar a aquellos indecisos.

Cada relato es personal. Intento poner en palabras lo vivido.

Compartir una sonrisa con gente local, encantarse de olores, perderse, tener la mirada asombrada, practicar el arte del regateo y muchas cosas más, son parte del viaje y eso sólo lo van a sentir viajando.

Los invito a leerme, a viajar su mente y a sentirse libres de preguntarme lo que quieran.

PD: Todavía no subí todos los viajes que hice. Y no sé si algún día llegaré.

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Isla Barú

Cómo ir de Cartagena a Baru? Bus hacia Pasacaballos y desde ahí hay que tomarse una “mototaxi” hasta la playa. Es algo arriesgado ya que cruzás por una zona no muy linda, obviamente vas sin casco, ni sabés a dónde te lleva pero ok, a mí no me pasó nada ni en la ida ni en la vuelta. Y no escuché a nadie tener algún problema con este transporte.

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Llevar agua y provisiones, la recomendación por excelencia que te da cualquier local o turista. Así fue: latas de arvejas, choclo, etc + 1 kg bananas + 1 kg manzanas + 5 litros de agua.

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Una introducción de Barú:

– tiene electricidad 3 horas al día (alrededor de 6 PM hasta 9 PM). OJO las comidas! no tienen heladeras (o sí, pero funcionan 3 horas al día). Desconfiá de los quesos y de todo lo que necesite cadena de frío.

– te dan un balde de agua para bañarte (“para qué bañarte teniendo el increíble mar enfrente?” pensaba yo…). Pero sí, necesitás bañarte.

– obviamente el agua no es potable. Hay que llevar agua inclusopr para lavarse los dientes.

– dormís a 10 metros del mar.

– Atrás hay un río/basural. 2 extremos en menos de 50 metros.

Dormir y despertar a 10 metros del mar cristalino es algo mágico. Me hospedé en una mini cabaña junto a dos amigos mochileros (y varias lagartijas que nos hacían compañía y hasta han probado nuestras amadas provisiones).

Uno de los días alquilamos una canoa por unas horas. Si tienen en la cabeza la imagen de una canoa antigua y de madera, bueno, un poquito peor que esa. Había que estar muy atento para no cortarte. Y había que estar atento con la corriente, porque un mal cálculo y dejábamos la canoa por ahí y volvíamos nadando. Por suerte nada de eso sucedió y fue una tarde de puro placer.

3 tardes jugando al fútbol con el atardecer de fondo entra en el top 10 de momentos únicos en mis viajes. Fútbol en la arena blanca, ducha en el mar transparente y el cielo pintado de distintas gamas de rojo. Ese es mi paraíso, nada tan perfecto.

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El tercer día me empecé a sentir un poco mal del estómago ya que un descuido (pizza, fruta en mal estado, etc) y el cuerpo lo siente. Eso me pasó, como a la mayoría que se queda más de 3 noches.

Día 4 y vuelta a Cartagena de la misma manera que llegué: moto-taxi y bus desde Pasacaballos.

Estaré unos días recuperándome del estómago en la Ciudad Amurallada y luego sigo, debo continuar hacia el este por la costa colombiana.

Próxima estación: Barranquilla, donde se celebra la fiesta cultural más importante de Colombia; el Carnaval.

Cartagena de Indias

85 dólares fue el precio que pagué por tomarme el avión de Medellín a Cartagena, sacando el pasaje el mismo día de vuelo.

Reservé hostel en la Ciudad Amurallada, considerado Patrimonio de la Humanidad. Me quedé 4 noches allí.

Calor, color y arquitectura. Así fue mi primera impresión al moverme por el centro histórico de la Ciudad de Cartagena de Indias.

Es el lugar ideal para caminar y perderte entre faroles y balcones. Arquitectura colonial y calles empedradas y angostas hacen un lugar maravilloso. Será clave tener siempre un agua fría, comprar alguna fruta en el camino y que la cámara de fotos tenga suficiente batería. Cada pasaje invita a una foto.

Por otro lado, es de los lugares más seguros donde me sentí en Colombia. No hay muchas ciudades donde se pueda caminar tranquilo de día y noche.

A tener en cuenta los constantes 30 grados de temperatura, sobre todo si no estás acostumbrado a temperaturas tan altas.

A pocos kilómetros se encuentra Isla Barú, que técnicamente no es ninguna Isla… Se puede llegar en lancha o de forma más económica: bus + mototaxi. Yo elegí la segunda opción.

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El bus te deja en Pasacaballos y desde ahí hay que tomarse una “mototaxi” hasta la playa. Es algo arriesgado ya que cruzás por una zona no muy linda, obviamente vas sin casco, ni sabés a dónde te lleva pero ok, a mí no me pasó nada ni en la ida ni en la vuelta. Y no escuché a nadie tener algún problema con este transporte.

Próxima estación: Isla Barú, el paraíso de arena blanca y agua transparente que tanto me habían hablado.

Qué se extraña cuando no viajo

Este texto lo escribí durante mi viaje en Perú.

Extrañaba caminar con mi mochila cargada.
Extrañaba tener la barba con tierra y arena.
Extrañaba comer un menú completo por 2 dólares.
Extrañaba el arte del regateo.
Extrañaba correr para no perderme el bus.
Extrañaba defender Argentina fuera de Argentina.
Extrañaba los mates viendo el atardecer en distintos lugares.
Extrañaba aventurarme a tomar decisiones constantemente.
Extrañaba sacar fotos con cámara.
Extrañaba estar desconectado de internet.
Extrañaba mis tiempos solo, pensando la vida en general.
Extrañaba la amabilidad de la gente de pueblo.
Extrañaba sacarme selfies, cada día con cara distinta, siempre feliz.
Extrañaba usar mi morral.
Extrañaba dormir en una selva. O en un desierto.
Extrañaba tener la cara paspada por el sol.
Extrañaba estar perdido.
Extrañaba tener la mirada asombrada durante minutos.
Extrañaba el cosquilleo de viajar solo.
Extrañaba conocer lugares por primera vez.
Extrañaba extrañar (a timón – mi compañero perruno).
Extrañaba las charlas profundas durante horas con personas que nunca más voy a ver, y lamento que así sea, pero es así.
Extrañaba despertar en soledad en un pueblo extraño.
Extrañaba caminar 20 cuadras hasta irme del mapa turístico.
Extrañaba arriesgarme.
Extrañaba que me digan “estas loco”.
Extrañaba la paz de no pensar en nada ni nadie.
Extrañaba todo eso y más.
QUÉ MARAVILLA VIAJAR 

Y recuerden que nunca vuelve el viajero; quien viaja cambia.

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Medellín

Encantado con Guatapé, sus zócalos, el centro, su gente, sus colores y ese peñón mágico que lo destaca, debo regresar a la gran ciudad. Es hora de conocer y recorrer la ciudad más innovadora del mundo: Medellín.

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Para introducirlos en esta etapa del viaje; Es el día 11 de mi largo trayecto por Colombia. Disfrutando cada momento, cada paisaje, cada persona que iba dejando en el camino y ganando experiencia, conocimientos, rutas, ciudades (y la facilidad de armar la mochila cada vez más rápido y mejor). A todo lo nombrado anteriormente, se le suma que muchos amigos que me hice en el camino, iban a estar allí, en la ciudad más avanzada de Colombia.

Una de las mejores cosas que tiene viajar es que cada día es distinto. No existe una rutina, no hay grandes planes, sino que te dejás llevar por el momento y lo que te haga feliz o te sientas cómodo, seguís por ahí. Y si viajás solo/a, más a tu favor, todas las decisiones pasan por vos. Si te querés quedar 3 días más o 1 menos, lo hacés. Es tu viaje, es tu camino, es tu libertad y felicidad!

Esta introducción no es casualidad. No siempre todo es color de rosas (aunque parezca que sí). Como siempre, cuento mi experiencia de mi paso por la ciudad. Y las experiencias son únicas, no quiere decir que ustedes tengan una no-grata estadía.

Ahora sí, llego a la estación de ómnibus de Medellín, salgo a la calle y veo que una chica se baja de un taxi. Dato: en todo Colombia te recomiendan no tomarte taxi de la calle, es decir, hay que tomarse o los taxis de la estación, aeropuerto, etc o un radio-taxi que te  llamen, de confianza. Esto fue lo que precisamente no hice, pero al ver bajar a una chica de uno, me dio la confianza para subirme. Y lo frené y subí… ¿para qué!?

Fuerte primera impresión, el señor lucía un cuerpo súper tatuado (hasta la cara), el auto ploteado por dentro y un olor medio raro. Ya sabía que me había equivocado en tomarlo de la calle pero ya había arrancado así que, lógicamente (o no muy lógico), seguí.

Le digo la dirección del hostel y no me entiende. Repito y nada. Me dice que lo anote en su GPS. Ok, eso hice. Se lo anoté en el GPS y arrancamos en esa dirección. Lo bueno, estábamos yendo en la dirección que el GPS marcaba. La mala, el tipo estaba con algunas sustancias encima, no se le entendía cuando hablaba ni me entendía lo que le decía. Y eso que hablábamos el mismo idioma.

Todo empeoró cuando el señor saca una especie de crema, con olor realmente fuerte, y se la pone en la nariz. No sé lo que era ni lo que buscaba. Lo concreto: me empieza a bajar la presión al instante que sacó esa crema. Sin tiempo de pensar mucho más, abro la puerta en medio de una avenida, y amago con tirarme. Le digo “frená porque me desmayó”. “No, cerrá la puerta”. “Me tiró”. 30 segundos más de discusión y el señor frena en la vereda, agarro mis cosas y me bajo.

Con las pulsaciones a mil, ahora el nuevo problema era “dónde estoy”. Claro, me bajé en cualquier parte de Medellín, estaba oscureciendo, no había policías cerca y, obviamente, estaba solo. Caminé un poco, vi 3 policías a lo lejos, en un puente, fui hasta ahí y les pregunté cómo ir al “Parque Lleras”. Respuesta: “Tomate un taxi”… Después de lo vivido no había posibilidad de que me vuelva a tomar un taxi de la calle.

Seguí caminando por ese puente y vi 3 mochileras. Eran mi salvación. Fui a hablarles, eran argentinas y me subí al taxi con ellas. Y hasta fui al mismo hostel de ellas. Lo peor ya había pasado. A dormir y a recorrer Medellín!

Salimos bien temprano del hostel ubicado en El Poblado y nos tomamos el Metro, un estupendo sistema de transporte que recorre la ciudad elevado de autos, casas y gente.

Bajamos en la Plaza Botero, donde el mismísimo pintor, escultor y dibujante colombiano, Fernando Botero, donó unas 23 esculturas de bronce que hace a la plaza un museo al aire libre. No hay visita a Medellín si no dan una vuelta por esta plaza.

Luego, enfrente de la plaza se encuentra el Museo de Antioquia, el museo más importante de Medellín. Encontrás pinturas, dibujos y esculturas de Botero, de la historia del arte en Antioquia, arte religioso, cerámica, piezas históricas colombianas y arte precolombino, entre otras cosas.

El día sigue y recorremos el Jardín Botánico, el Parque de los Pies Descalzos (un parque que como su nombre lo indica, sólo podés ingresar descalzo) y una vuelta por el Parque Explora, que es un centro interactivo sobre la ciencia y tecnología.

Día largo y movido, pero era sábado, así que una ducha en el hostel y directo al Parque Lleras donde junto a la plaza se hace peatonal y se llena de gente disfrutando la noche! Alrededor hay un sinfín de bares, música y buena onda.

Al día siguiente, un hermoso domingo de enero, salí a caminar las calles de El Poblado. Siempre prefiero moverme a pie, para apreciar mejor cada rincón del lugar donde estoy. El Poblado es un hermoso barrio para recorrerlo a pie, sobre todo los domingos, donde algunas avenidas se hacen peatonales.

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Me declaro un enamorado de las ferias y mercados locales. Domingo, en Medellín, obvio que averigüé por dónde andaban y allí fui.

Medellín es una ciudad enorme, moderna, con miles de atracciones variadas y es difícil recorrerla en poco tiempo. Mi estadía aquí ha tenido de todo, pero sobre todo sigo sumando experiencia, cultura y kilómetros.

Debo seguir subiendo, el norte colombiano me espera. Arenas blancas, mares de aguas transparentes, atardeceres en la costa, mucha fruta, color, calor, sorpresas, risas y anécdotas.

Próxima estación: Cartagena de Indias.

Guatapé

A 90 km de Medellín, se encuentra este curioso pueblo con dos grandes atracciones: los enormes zócalos de las casas, y la piedra más grande del mundo: “El peñón de Guatapé”.

Guatapé es un pueblo de 5000 habitantes, donde casi a modo obligatorio dibujan sus fachadas con alegres zócalos de 1 metro y pintan el resto con fuertes colores. Además, cuenta con grandes casas ubicadas en las islas que rodean el centro. Este pueblo tiene la particularidad de estar entre lagos, rodeado de islas. Esto se puede apreciar desde la cima del Peñón.

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Al Peñón, la piedra más grande del mundo, se puede llegar en los famosos y divertidos moto-taxis. Tardarás 15 minutos aprox.

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El Peñón cuenta con 740 escalones que subirás uno por uno. Parece mucho, pero cada 20 escalones vas teniendo vistas únicas e inmejorables. Realmente vale la pena y ni te vas a sentir cansado. Te vas a sentir asombrado del maravilloso paisaje.

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Sin dudas, el mejor mirador del mundo.

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Luego de un maravilloso día y una noche estrellada, volvemos a Medellín, encantados con Guatapé!

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Próxima estación: Medellín.